La virtud del silencio.
Viernes 01 de Julio de 2011 hrs.
¿Dónde puedo encontrar un hombre gobernado por la razón y no por los hábitos y los deseos? Khalil Gibran. Al paso de los años, terminamos preguntándonos lo mismo. Quien tiene la razón en tal o cual cuestión? Ciertamente cuando las pruebas físicas resultan irrefutables, se confirma la verdad de lo expuesto, y se obtiene la razón, aún a costa de pataleos o cuestionamientos.

Explicar la razón individual sobre cierta creencia o hipótesis, es fácil, coincidir en un cúmulo de ideas y vanidades es lo difícil. Lo segundo supera a lo primero. En especial en la vida política y periodística de nuestro estado

Ciertamente también, los códigos existen. Sin lugar a dudas las estrategias de posicionamiento de cientos de periodistas y reporteros que a diario buscan su sustento, son diversas y pueden resaltar por ciertos patrones que se salen de las reglas establecidas en el mismo librito que muchos señalan y que al final recurren a su lectura, aplicándolo por cierto cuando el estómago o las circunstancias lo requieran. Todos terminamos en su consulta y muchos empleándolo en la acción.

La razón es tan ambigua en este tramo, que el silencio sería el mejor amigo, el aliado quien consuele al que expone tan puntilloso tema. En un juego tácito y entendible por la fuerza del poder; sí, del poder periodístico que se pierde en la verdadera finalidad que representa la palabra periodismo, los que salen perdiendo son los lectores.

Adentrarse en los temas de intercambio “institucional” vs “periodístico” no solo saca ámpula, sino que emerge un complicado tema de explicación que ante los ojos de la sociedad, solo representa la compra del silencio. Al querer componer un tema que si bien no se comparte, se corre el riesgo de caer de igual manera en el cinismo y en la prebenda.

Emitir una opinión, un análisis crítico, un análisis social, es una cosa. Atacar hasta despedazar, exhibiendo las faltas de quien sea con detonadores de pólvora, tiene otro fin no muy claro y si muy significativo de tácito reembolso. Pero, la cosa es pareja y muy ambigua. En donde el punto es hacerlo con todos los colores, azul, amarillo y tricolor, aun este último en todos sus matices.

Si nos dejamos llevar por nuestros intereses, por nuestros afectos o por nuestros colores, a la hora de escribir nuestros escritos, todos, seguiremos el mismo camino de lo que criticamos. No hay, ni habrá equidad, eso es seguro. Por eso, como dice el clamor popular; ese que siempre, de manera coloquial nos ilustra, “calladitos se ven más bonitos”.