España se le va de las manos a Rajoy.
Viernes 28 de Septiembre de 2012 hrs.
El miércoles pasado retumbó en el Congreso de los Diputados de España, cuando el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, dirigiéndose al escaño del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, exclamó: “¡Se le está yendo el país de las manos!”.

Pero Rajoy no escuchó esta durísima acusación; su escaño estaba vacío porque a esa hora caminaba por Manhattan fumándose un puro.

Impasible ante las preocupantes noticias que llegaban de la península Ibérica —Cataluña presionando para salirse de España y los mercados financieros presionando para hundir a España—, Rajoy decide que lo mejor es dejarse fotografiar por las calles de Nueva York con un puro en la mano. ¿Qué le pasa a este hombre, con la que está cayendo? ¿Cuántos españoles se habrán (nos habremos) sentido insultados?

Tampoco se inmutó el mandatario conservador español cuando vio las imágenes de la prensa de medio mundo, que mostraban escenas de una brutalidad excesiva por parte de policías españoles que impedían, a porrazos y disparando balas de goma, que miles de “indignados” se plantasen frente al Congreso, para protestar contra los duros recortes aprobados por el gobierno del PP.

Con las imágenes en la retina de la represión policial del martes, diferentes miembros del gobierno español alabaron la “proporcionada” respuesta de las fuerzas antidisturbios y el propio Rajoy felicitó a esa “mayoría silenciosa de españoles que no se manifiesta”.

Pobre iluso. Si no fuera porque los trabajadores españoles tiene que aferrarse a sus puestos para no ser despedidos, como ha ocurrido con tantos cientos de miles arrastrados por la crisis, y si no fuera porque los más de cinco millones de desempleados tienen que preocuparse en encontrar trabajo, seguramente esa “mayoría silenciosa” de la que habla Rajoy sería ahora mismo una “mayoría atronadoramente ruidosa”, dispuesta a defender en la calle sus derechos laborales y sociales.

Rajoy padece la misma enfermedad que atacó virulentamente a José María Aznar cuando fue presidente del Gobierno: la soberbia; y ambos se contagiaron desde el mismo momento en que lograron la mayoría absoluta parlamentaria, con la que gobiernan a su antojo, sin escuchar ni mirar a la calle, sordos a cualquier protesta que venga de ella y ciegos de arrogancia.

Lo de Cataluña no es de ahora ni es sólo cosa de la crisis; se veía venir desde que, hace dos años, el Parido Popular de Rajoy forzó al Tribunal Constitucional, dominado por jueces conservadores, para que declarase inconstitucional el nuevo Estatuto catalán, que daba mayor autonomía a esa región, pero sin separarse de España. Esa afrenta, vista como un duro golpe bajo al catalanismo, fue ruidosamente festejada por la derecha española y su prensa. Los independentistas nunca tendrán suficientes palabras para agradecer al PP y a sus medios afines, como el diario El Mundo, lo que contribuyeron con sus ataques independentistas a inflar como una burbuja el sentimiento separatista catalán. Por todo esto, que a nadie le extrañe ver a 1.5 millones de catalanes marchar por la independencia o que el presidente catalán, Artur Mas, pida un referéndum para consultar a los catalanes si quieren seguir siendo españoles o no. Pero a Rajoy tampoco parece preocuparle el desafío, de momento prefiere fumar puros.
Por: Fran Ruíz.