¿Quién saciará el corazón del hombre?
Domingo 29 de Julio de 2012
1. El hombre es un ser hambriento por naturaleza.
Por más que coma y beba, siempre volverá a tener hambre y sed. Un poco de tiempo y otra vez necesita comer y beber. Y lo que pasa con su cuerpo pasa con el hambre y la sed del alma. Lo que pasa con la boca, le pasa también con la nariz, con los ojos y con los oídos. Todos los sentidos exteriores necesitan su objeto propio para vivir y saciarse. Pero también todos los sentidos interiores de la memoria y de la imaginación necesitan comer y beber su objeto propio. Y lo mismo les pasa a las facultades espirituales de la mente, de la voluntad y del corazón.
2. Saciar el cuerpo de bebida y comida por un rato es fácil y está al alcance de cualquier ser humano. Pero saciar el alma en su más profunda sed y hambre de amor, de sentido, de paz y de felicidad no parece tan fácil ni sencillo; de hecho, encontramos a mucha gente deprimida, decepcionada e insatisfecha con su vida. Mucha gente llena de riqueza, de poderes y de placeres, pero con el alma completamente vacía. De hecho hay muchos ricos y poderosos insatisfechos, desubicados y vacíos, que no le encuentran el sentido profundo a la vida, al amor verdadero, a la paz interior, a la felicidad duradera. Aunque va en aumento el desarrollo material y mejoran las condiciones en nuestra vida moderna, al mismo tiempo van en aumento los síntomas alarmantes de una sociedad insatisfecha, si hacemos caso a los indicadores de divorcios, suicidios y adicciones.
3. ¿Quién saciará el corazón del hombre?
En este milagro de la multiplicación de los panes encontramos un signo. Multiplicar los panes y saciar a la multitud en su hambre física, es sólo un signo y una señal del poder de Jesucristo para saciar el hambre espiritual de valores profundos y trascendentes. Por más que pretendamos negar esta hambre espiritual o satisfacerlo con lo material, el corazón sigue hambriento y sediento. Ojalá que diciendo que el corazón no tiene hambre espiritual, pudiera quedar tranquilo, pero la realidad para el observador profundo y sincero es como decía San Agustín: “Nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Tenemos un corazón tan grande y hambriento que sólo Dios lo puede llenar. Los anhelos acuciantes de amor, de paz y de felicidad duraderos, sólo en el encuentro con Jesucristo pueden quedar satisfechos. La cosa más ambicionada por el hombre es la felicidad, Dios te la ofrece en su Hijo Jesucristo, acéptalo en tu corazón, sigue su camino y has cuanto puedas para que todos los hombres participen de él y encuentren lo que andan buscando.
+ Mons. Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L. C.
Obispo prelado de Cancún-Chetumal
Por más que coma y beba, siempre volverá a tener hambre y sed. Un poco de tiempo y otra vez necesita comer y beber. Y lo que pasa con su cuerpo pasa con el hambre y la sed del alma. Lo que pasa con la boca, le pasa también con la nariz, con los ojos y con los oídos. Todos los sentidos exteriores necesitan su objeto propio para vivir y saciarse. Pero también todos los sentidos interiores de la memoria y de la imaginación necesitan comer y beber su objeto propio. Y lo mismo les pasa a las facultades espirituales de la mente, de la voluntad y del corazón.
2. Saciar el cuerpo de bebida y comida por un rato es fácil y está al alcance de cualquier ser humano. Pero saciar el alma en su más profunda sed y hambre de amor, de sentido, de paz y de felicidad no parece tan fácil ni sencillo; de hecho, encontramos a mucha gente deprimida, decepcionada e insatisfecha con su vida. Mucha gente llena de riqueza, de poderes y de placeres, pero con el alma completamente vacía. De hecho hay muchos ricos y poderosos insatisfechos, desubicados y vacíos, que no le encuentran el sentido profundo a la vida, al amor verdadero, a la paz interior, a la felicidad duradera. Aunque va en aumento el desarrollo material y mejoran las condiciones en nuestra vida moderna, al mismo tiempo van en aumento los síntomas alarmantes de una sociedad insatisfecha, si hacemos caso a los indicadores de divorcios, suicidios y adicciones.
3. ¿Quién saciará el corazón del hombre?
En este milagro de la multiplicación de los panes encontramos un signo. Multiplicar los panes y saciar a la multitud en su hambre física, es sólo un signo y una señal del poder de Jesucristo para saciar el hambre espiritual de valores profundos y trascendentes. Por más que pretendamos negar esta hambre espiritual o satisfacerlo con lo material, el corazón sigue hambriento y sediento. Ojalá que diciendo que el corazón no tiene hambre espiritual, pudiera quedar tranquilo, pero la realidad para el observador profundo y sincero es como decía San Agustín: “Nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Tenemos un corazón tan grande y hambriento que sólo Dios lo puede llenar. Los anhelos acuciantes de amor, de paz y de felicidad duraderos, sólo en el encuentro con Jesucristo pueden quedar satisfechos. La cosa más ambicionada por el hombre es la felicidad, Dios te la ofrece en su Hijo Jesucristo, acéptalo en tu corazón, sigue su camino y has cuanto puedas para que todos los hombres participen de él y encuentren lo que andan buscando.
+ Mons. Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L. C.
Obispo prelado de Cancún-Chetumal




















