Lunes 16 de Agosto de 2010
Cancún.-La Casa de la Cultura de Cancún, como parte de las actividades conmemorativas del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana y del programa de Cinefilia, que coordina Rafael Fernández Pineda, presenta este martes 17 de agosto, a las 20.00 horas, dentro del ciclo, “La Dolce Vita: Los excesos y el cine”, la película “Los indolentes” filmada en México en 1977.
Ficha técnica
Producción: Conacite Dos
Dirección: José Estrada
Guión: Rubén Torres; adaptación: Hugo Argüelles, Rubén Torres y José Estrada
Fotografía: Miguel Garzón
Escenografía: Kleomenes Stamatiades
Edición: Francisco Chiu
Música: Joaquín Gutiérrez Heras
Actores: Miguel Ángel Ferriz, Rita Macedo, Raquel Olmedo, Ana Martin, Rafael Banquells
Sinopsis:
La familia Alday vive encerrada en una casona que se cae de vieja a pedazos. Debido a la reforma agraria de Lázaro Cárdenas perdieron su hacienda "La Esperanza". Mientras que el joven Rosendo trata de acomodarse a la cruel realidad, su madre y su abuela se resisten a aceptar que han caído en la miseria. Lo más terrible es que ninguno de los tres está dispuesto a hacer nada por recuperar su antigua prosperidad.
Comentario:
Los últimos años del gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz (68-70) y el sexenio completo de Luis Echeverría (70-76) fueron un ciclo de incubación de los cineastas que habrían de distinguirse posteriormente. En 1968 la industria cinematográfica nacional transcurría por uno de sus periodos de estancamiento creativo, debido en parte a que seguía vigente la política de puertas cerradas en los sindicatos, lo que impedía el ingreso de nuevos cuadros a la industria.
Esta es la época —que se prolongaría hasta mediados de los setenta—, en que Mauricio Garcés, Capulina y El Santo estaban coronados como los campeones de la taquilla, posteriores al chili western de Mario Almada, del cine juvenil de Angélica María, César Costa y Alberto Vázquez y de las ya envejecidas comedias rancheras, que marcaron la decadencia del cine nacional.
En contraparte, el cine independiente parecía estar abriendo alternativas solventes para el futuro del cine mexicano, algo que se percibió desde algunos años atrás mediante ciertos esfuerzos de renovación, como el nacimiento del grupo Nuevo Cine en 1961, la fundación del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) en 1963, los Concursos de Cine Experimental de 1965 y 1967 y el debut de algunos cineastas interesantes dentro del circuito marginal -como Juan Ibáñez, Arturo Ripstein, Rubén Gámez y Alberto Isaac.
Por otra parte, los últimos años de Díaz Ordaz estuvieron marcados por el endurecimiento de la censura, motivo que influyó, por ejemplo, en la cancelación de la Reseña de Acapulco y la prohibición de numerosas películas nacionales y extranjeras; se perdieron importantes mercados en América Latina y ni que decir de EEUU y Europa.
Para 1970, con la llegada de Rodolfo Echeverría, (hermano mayor de Luis Echeverría, a la sazón secretario de gobernación de Díaz Ordaz que en 1970 lo sucedería en la presidencia) como director del al Banco Nacional Cinematográfico, la situación comenzó a cambiar en beneficio de un cine más ambicioso y creativo. Rodolfo había hecho una carrera modesta como actor dentro del cine mexicano bajo el nombre de Rodolfo Landa y había sido, incluso, líder de la Asociación Nacional de Actores (ANDA). Privilegiado por el ascenso de su hermano, un hecho de nepotismo al viejo estilo significaría un afortunado suceso para la industria cinematográfica, a decir de muchos. Desde la trinchera estatal, Rodolfo Echeverría, abrigado por las iniciativas de apertura que abanderaba su hermano el presidente, durante los siguientes seis años favoreció el relevo generacional y promovió a nuevos cineastas y productores que revitalizarían en ese lapso al cine mexicano. No obstante, desde entonces la participación del Estado dentro de la industria fílmica ha sido tan perentoria que cada seis años prácticamente ocurre un reordenamiento, a veces feliz y a menudo trágico.
Con Echeverría al frente del Banco, fue que en 1970 debutaron quince realizadores y se incorporaron directores que hacían cine comercial pero que también tenían aspiraciones de trasmitir otros mensajes y de hacer cierta crítica, algo que no acontecía desde 1944. La misma tónica se repitió en los siguientes años con buenos resultados, en los que se logró realizar una cifra importante de notables películas mexicanas. Entre ellas la que veremos hoy en nuestro cine club: “Los indolentes”.
José “El Perro” Estrada era indudablemente un hombre de cine. Lo mismo podía dirigir una película de Pepito y Chabelo, que planear una película con el dramaturgo Hugo Argüelles y su guionista Rubén Torres, en “Los Indolentes” hacen una disección de la sociedad mexicana e intentan una severa crítica de las conductas prejuiciadas que dominaban el pensamiento y el actuar de los mexicanos de aquella época. Conductas que, ahora, nos parecen excesivas, pero que los artistas consiguen reflejar conscientes de la realidad del momento, dejando el registro para la historia.
Estas visiones, para el espectador atento, podrían explicar de muchas maneras lo que ha ido aconteciendo en nuestro país. Sobre todo porque es una obra hecha con sinceridad y con excelentes actores; realizada con bajo presupuesto pero con calidad y la maestría de auténticos profesionales que aprovechan la apertura y los recursos del Estado y se arriesgan haciendo cosas diferentes de las que se ven obligados a hacer en una industria en decadencia.
Pero de todo esto y más podremos platicar desde las 19:00 horas, al calor de una taza de aromático café, en la cafetería de la Casa de la Cultura de Cancún. Y, como siempre, la proyección de “Los indolentes” dará comienzo a las 20:00 horas. No falte usted.
Ficha técnica
Producción: Conacite Dos
Dirección: José Estrada
Guión: Rubén Torres; adaptación: Hugo Argüelles, Rubén Torres y José Estrada
Fotografía: Miguel Garzón
Escenografía: Kleomenes Stamatiades
Edición: Francisco Chiu
Música: Joaquín Gutiérrez Heras
Actores: Miguel Ángel Ferriz, Rita Macedo, Raquel Olmedo, Ana Martin, Rafael Banquells
Sinopsis:
La familia Alday vive encerrada en una casona que se cae de vieja a pedazos. Debido a la reforma agraria de Lázaro Cárdenas perdieron su hacienda "La Esperanza". Mientras que el joven Rosendo trata de acomodarse a la cruel realidad, su madre y su abuela se resisten a aceptar que han caído en la miseria. Lo más terrible es que ninguno de los tres está dispuesto a hacer nada por recuperar su antigua prosperidad.
Comentario:
Los últimos años del gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz (68-70) y el sexenio completo de Luis Echeverría (70-76) fueron un ciclo de incubación de los cineastas que habrían de distinguirse posteriormente. En 1968 la industria cinematográfica nacional transcurría por uno de sus periodos de estancamiento creativo, debido en parte a que seguía vigente la política de puertas cerradas en los sindicatos, lo que impedía el ingreso de nuevos cuadros a la industria.
Esta es la época —que se prolongaría hasta mediados de los setenta—, en que Mauricio Garcés, Capulina y El Santo estaban coronados como los campeones de la taquilla, posteriores al chili western de Mario Almada, del cine juvenil de Angélica María, César Costa y Alberto Vázquez y de las ya envejecidas comedias rancheras, que marcaron la decadencia del cine nacional.
En contraparte, el cine independiente parecía estar abriendo alternativas solventes para el futuro del cine mexicano, algo que se percibió desde algunos años atrás mediante ciertos esfuerzos de renovación, como el nacimiento del grupo Nuevo Cine en 1961, la fundación del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) en 1963, los Concursos de Cine Experimental de 1965 y 1967 y el debut de algunos cineastas interesantes dentro del circuito marginal -como Juan Ibáñez, Arturo Ripstein, Rubén Gámez y Alberto Isaac.
Por otra parte, los últimos años de Díaz Ordaz estuvieron marcados por el endurecimiento de la censura, motivo que influyó, por ejemplo, en la cancelación de la Reseña de Acapulco y la prohibición de numerosas películas nacionales y extranjeras; se perdieron importantes mercados en América Latina y ni que decir de EEUU y Europa.
Para 1970, con la llegada de Rodolfo Echeverría, (hermano mayor de Luis Echeverría, a la sazón secretario de gobernación de Díaz Ordaz que en 1970 lo sucedería en la presidencia) como director del al Banco Nacional Cinematográfico, la situación comenzó a cambiar en beneficio de un cine más ambicioso y creativo. Rodolfo había hecho una carrera modesta como actor dentro del cine mexicano bajo el nombre de Rodolfo Landa y había sido, incluso, líder de la Asociación Nacional de Actores (ANDA). Privilegiado por el ascenso de su hermano, un hecho de nepotismo al viejo estilo significaría un afortunado suceso para la industria cinematográfica, a decir de muchos. Desde la trinchera estatal, Rodolfo Echeverría, abrigado por las iniciativas de apertura que abanderaba su hermano el presidente, durante los siguientes seis años favoreció el relevo generacional y promovió a nuevos cineastas y productores que revitalizarían en ese lapso al cine mexicano. No obstante, desde entonces la participación del Estado dentro de la industria fílmica ha sido tan perentoria que cada seis años prácticamente ocurre un reordenamiento, a veces feliz y a menudo trágico.
Con Echeverría al frente del Banco, fue que en 1970 debutaron quince realizadores y se incorporaron directores que hacían cine comercial pero que también tenían aspiraciones de trasmitir otros mensajes y de hacer cierta crítica, algo que no acontecía desde 1944. La misma tónica se repitió en los siguientes años con buenos resultados, en los que se logró realizar una cifra importante de notables películas mexicanas. Entre ellas la que veremos hoy en nuestro cine club: “Los indolentes”.
José “El Perro” Estrada era indudablemente un hombre de cine. Lo mismo podía dirigir una película de Pepito y Chabelo, que planear una película con el dramaturgo Hugo Argüelles y su guionista Rubén Torres, en “Los Indolentes” hacen una disección de la sociedad mexicana e intentan una severa crítica de las conductas prejuiciadas que dominaban el pensamiento y el actuar de los mexicanos de aquella época. Conductas que, ahora, nos parecen excesivas, pero que los artistas consiguen reflejar conscientes de la realidad del momento, dejando el registro para la historia.
Estas visiones, para el espectador atento, podrían explicar de muchas maneras lo que ha ido aconteciendo en nuestro país. Sobre todo porque es una obra hecha con sinceridad y con excelentes actores; realizada con bajo presupuesto pero con calidad y la maestría de auténticos profesionales que aprovechan la apertura y los recursos del Estado y se arriesgan haciendo cosas diferentes de las que se ven obligados a hacer en una industria en decadencia.
Pero de todo esto y más podremos platicar desde las 19:00 horas, al calor de una taza de aromático café, en la cafetería de la Casa de la Cultura de Cancún. Y, como siempre, la proyección de “Los indolentes” dará comienzo a las 20:00 horas. No falte usted.




















